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Opinion

Por los pasajes, pero en contra del tejido

Preservando el patrimonio urbano porteño

Los pasajes de Buenos Aires representan una forma única de habitar la ciudad, configurando la identidad de nuestros barrios más tradicionales.

Escrito por

Magdalena Eggers

Arquitecta. Coordinadora área técnica

Por los pasajes, pero en contra del tejido

Los pasajes de Buenos Aires representan una forma única de habitar la ciudad. Estos espacios, que surgieron como soluciones de desarrollo urbano en el siglo XIX, han configurado la identidad de nuestros barrios más tradicionales. Hoy enfrentamos una tensión fundamental: cómo preservar estos espacios históricos mientras permitimos que la ciudad evolucione y se desarrolle.

Estos pasillos peatonales, muchos de ellos cubiertos, conectan calles paralelas o perpendiculares, generando una red de circulación que define la experiencia urbana de barrios como San Telmo, La Boca, Montserrat y otros sectores del centro histórico. Su escala, su iluminación controlada, sus fachadas ornamentadas, crean un microcosmos urbano que contrasta con el frenesí de las avenidas principales.

La tensión entre preservación y desarrollo

La pregunta no es si permitir o no los pasajes, sino cómo hacerlo de manera que respete el tejido urbano existente. Muchos propietarios ven en estos espacios una oportunidad de desarrollo, presionando por cambios en zonificación o normativa que permitieran mayor altura o densificación. Sin embargo, la experiencia de otros barrios demuestra que estas intervenciones frecuentemente destruyen precisamente lo que las hace atractivas.

Nuestro rol como consultores es ayudar a entender esta complejidad normativa. Se trata de encontrar soluciones que reconozcan tanto el valor patrimonial como la necesidad legítima de desarrollo responsable. Esto implica:

  • Mantener escalas coherentes con el tejido existente
  • Preservar la continuidad visual de las fachadas
  • Respetar los espacios de circulación pública
  • Permitir adaptaciones funcionales que actualicen estos espacios sin destruir su carácter

Los pasajes no son museos congelados en el tiempo. Son espacios vivos que deben evolucionar. Pero esa evolución debe ser inteligente, considerada, responsable con la memoria urbana que estos lugares encierran.